Ves a quién atiendes
Nombre, edad calculada, teléfono, documento y los campos que tú definas. Cada dato se copia con un clic.
Google Drive es una opción segura, simple de implementar y con baja curva de aprendizaje.
Una extensión de Chrome que organiza las fichas de tus pacientes y emite tus recetas, certificados e informes en un clic. Todo queda dentro de tu cuenta de Google. No hay ningún servidor nuestro por el que pasen tus datos, porque la extensión no tiene servidor.
Sin cuentas nuevas. Sin mensualidades. Sin instalar nada fuera de tu entorno.
Los modelos avanzan cada mes. Herramientas cada vez más potentes, capaces de leer historiales completos, resumir la evolución de un paciente o cruzar estudios. Pero todas tienen el mismo requisito, y casi nadie lo cumple: que la información exista, esté ordenada y sea accesible.
Si tus notas viven en un cuaderno, en fotos del teléfono o en carpetas con nombres como «paciente nuevo (2)», ninguna IA te va a servir de nada. No porque el modelo sea malo, sino porque no hay nada que leer.
Esta extensión es deliberadamente simple. No intenta ser tu asistente con IA. Hace algo más aburrido y más importante: deja tu consultorio ordenado en Google Drive y Google Docs, con una estructura estable, cada documento en su carpeta y cada paciente con su ficha.
Y ahí está la jugada: cuando enciendas una suscripción de Gemini —o cualquier otra herramienta que se conecte a tu Drive— ya tendrás con qué trabajar. Podrás preguntarle a tus propios documentos. Ese es el paso que casi nadie ha dado, y es el que hay que dar primero.
Esta extensión. Tus pacientes y documentos en Drive, con estructura.
Cada consulta suma. En seis meses tienes un archivo real, no un cajón.
Conectas Gemini o la herramienta que prefieras y le preguntas a tu propio archivo.
Nombre, edad calculada, teléfono, documento y los campos que tú definas. Cada dato se copia con un clic.
Tus plantillas en Google Docs con marcadores como {{paciente}} o
{{edad}}. La extensión las copia ya rellenas a la carpeta del paciente.
Diseñas el árbol de carpetas una vez —Consultas, Estudios, Recetas— y se crea solo para cada paciente, cuando hace falta.
Cada área con sus propias acciones: medicina general, cardiología, laboratorio. Sin tocar código.
Abre Google Calendar con los datos del paciente ya escritos. Eliges la hora y guardas.
Alergias, seguro, tipo de sangre. Se vuelven columnas de tu hoja, se ven en la consulta y sirven como marcadores en tus plantillas.
La extensión crea en tu Drive una carpeta con la estructura del expediente y una hoja de cálculo que hace de base de datos. Puedes abrirla, leerla y editarla cuando quieras, porque es tuya.
En tu navegador solo se guarda la dirección de esa carpeta. Ningún nombre de paciente, ningún documento, ningún dato clínico sale de tu cuenta de Google. Tampoco los guarda nadie más: no existe un servidor intermedio.
Google le concede a la extensión acceso solo a los archivos que ella misma crea para ti. El resto de tu Drive le es literalmente invisible: no puede leerlo, ni listarlo, ni modificarlo.
Es el permiso que Google clasifica como no sensible. Si algún día la extensión pidiera algo más amplio, tendría que decírtelo y volver a pedirte autorización.
Desde el 3 de agosto de 2026 esto dejó de ser solo una multa administrativa. El nuevo Código Penal dominicano entró en vigor y llevar mal el expediente de un paciente tiene pena de prisión.
Código Penal de la República Dominicana · en vigor desde el 3 de agosto de 2026
Castiga a quien «recoja, recolecte, conserve o comercialice, mediante procedimientos automatizados, datos de otra persona, de manera dolosa y sin su consentimiento previo, o después de que esta haya retirado su consentimiento», y también a quien «acceda o haga acceder a dichos datos».
Un expediente electrónico es un procedimiento automatizado. Esto convierte el consentimiento del paciente en la línea entre llevar su ficha y cometer un delito. Compartir la carpeta con quien no debe cae en el mismo artículo. Si el hecho es culposo la pena baja a multa, de uno a tres salarios mínimos del sector público.
Su párrafo I alcanza a quien intercepte, distraiga, utilice o divulgue dolosamente un documento privado transmitido «por vía de las telecomunicaciones o del ciberespacio». Multa de nueve a quince salarios mínimos.
Aquí cae el récipe reenviado al chat equivocado. Es la pena más alta de las tres y la que más se arriesga a diario sin pensarlo.
Quien divulgue información secreta sin consentimiento del afectado «siendo depositario de ella en razón de su estado, profesión, función o cargo». El art. 196 fija los eximentes: cuando la ley lo impone, o al Ministerio Público ante sevicias o infracciones graves.
Es el secreto profesional de siempre, ahora escrito con pena de prisión.
Y si el consultorio está constituido como empresa, el art. 199 extiende el 198 a las personas jurídicas. El art. 8 dice cuándo responden: cuando el hecho fue consecuencia de incumplir sus «deberes de dirección, control o supervisión». Las sanciones llegan a multa de cincuenta a quinientos salarios mínimos, clausura de hasta tres años y revocación de licencias (arts. 39 a 41). Tener controles escritos y demostrables deja de ser burocracia: es la defensa.
La 74-25 no derogó nada de lo anterior. Su art. 392 mantiene vigentes las leyes especiales, así que la Ley 172-13 sigue siendo el marco que dice cómo hay que tratar los datos. Lo que cambió es el precio de ignorarla.
Ley Orgánica sobre Protección de Datos de Carácter Personal
Clasifica la información de salud como datos sensibles, el nivel más alto de protección que contempla la norma — junto al origen racial, las convicciones religiosas y la vida sexual. Exige consentimiento libre, expreso e informado del paciente, medidas de seguridad y confidencialidad sobre esa información, y respetar los derechos de acceso, rectificación, supresión y oposición de quien la titula.
A eso se suma el secreto profesional, que para un médico no es solo una obligación administrativa: su violación tiene consecuencias penales y colegiales.
Cumplirla no es cuestión de comprar un programa. Es cuestión de dónde viven los datos, quién puede llegar a ellos y si puedes demostrarlo. Esta extensión no te vuelve cumplidor por instalarla, pero resuelve la primera parte y te deja las otras dos al alcance.
Entonces te aplica también HIPAA, y ahí hay una buena noticia: Google firma el BAA —el acuerdo que HIPAA exige a tus proveedores— con las cuentas de Google Workspace. Se activa desde tu consola de administración, sin coste extra sobre tu plan, y a partir de ahí Drive, Docs y Gmail quedan cubiertos para manejar información protegida de salud.
Se comprueba en Cuenta → Configuración legal y de cumplimiento. Si prefieres que lo revisemos contigo, escríbenos.
Es la primera reacción de casi todo consultorio, y la respuesta tiene una parte que no es la que se espera: el Excel de su computadora está tan expuesto como la nube, y encima no puede demostrar nada.
| Dónde vive el expediente | Art. 198 datos automatizados |
Art. 195 secreto profesional |
¿Puede demostrar diligencia? |
|---|---|---|---|
| En papel | No aplica | Sí aplica | No |
| En un Excel en su computadora | Sí aplica | Sí aplica | Casi nada |
| En su Google Workspace | Sí aplica | Sí aplica | Sí |
Ninguna de las tres le exime de nada. La ley no premia el soporte: premia el consentimiento y la diligencia demostrable. Lo que cambia entre una fila y otra es si usted puede probarlo el día que se lo pidan.
Diligencia es el cuidado que se espera de un profesional al manejar algo que no es suyo. En un juicio o en una inspección nadie le va a preguntar si usted fue cuidadoso: le van a pedir que lo enseñe. Y ahí la pregunta se vuelve muy concreta:
Con un archivador, la respuesta honesta a las cinco es «no lo sé». Con un Excel en el escritorio, también. Un entorno de Workspace responde las cinco solo: registra cada apertura, cada descarga y cada cambio de permiso, guarda el historial de versiones y recupera lo borrado. Eso no es una función de esta extensión, es de Google — nosotros solo ponemos el expediente ahí dentro, ordenado.
Un incendio, una gotera, una mudanza o una carpeta que alguien se llevó. No hay copia, y la normativa sanitaria le sigue exigiendo conservar esa historia clínica durante años.
«¿Cuántos pacientes con este diagnóstico atendí el año pasado?» es una pregunta de diez segundos en digital y de una tarde entre cartulinas. Casi siempre, la respuesta es que nadie la hace.
Y esta es la que va a doler en cinco años. Un expediente en papel no se puede consultar, resumir ni cruzar. El consultorio de al lado le preguntará a su asistente de IA por los antecedentes de un paciente y tendrá la respuesta antes de que usted abra el archivador.
Un copiloto de IA equivocado puede costarle caro. La mayoría graban la consulta y mandan el audio a sus propios servidores para transcribirlo. Ese envío, hecho sin el consentimiento del paciente, activa tres artículos del Código Penal a la vez — y el responsable ante la ley es usted, no el proveedor del programa.
Castiga a quien «transmita, divulgue, comparta, publique o envíe a terceros conversaciones orales o escritas, así como imágenes, audios o videos de índole confidencial o personal captados en espacios privados, sin el consentimiento de los involucrados».
Mandar el audio de una consulta a la nube de un proveedor para que lo transcriba es, literalmente, enviárselo a un tercero. Y «los involucrados» va en plural: si en la consulta está el acompañante del paciente, también cuenta.
Ese audio es información secreta de la que usted es depositario por su profesión. Entregarla a quien no tiene por qué oírla es divulgarla.
El audio y su transcripción son datos de salud tratados por procedimientos automatizados. Sin consentimiento previo, el artículo aplica igual que al resto del expediente.
Y si el proveedor está fuera del país, la Ley 172-13 añade una transferencia internacional que también hay que informar.
Ninguna es técnica. Si el vendedor titubea en alguna, ya tiene su respuesta.
Google Docs transcribe por voz de forma nativa —Herramientas → Escritura por voz, o Ctrl+Shift+S—, gratis y sin instalar nada. Y tiene una propiedad que cambia todo el análisis legal de arriba:
No graba audio. Escribe lo que oye, en el momento, dentro de un documento suyo. Nunca se crea el archivo de voz que el art. 186 protege, así que no hay nada que enviar a nadie.
La transcripción queda en la carpeta del paciente, y desde ahí puede pedirle a Gemini —dentro de su propio Workspace, el mismo encargado del tratamiento que ya trata el resto de su expediente— que la ordene por interlocutor y la resuma en motivo, hallazgos e indicaciones. Nada sale de su cuenta de Google.
RecordMédico siembra la plantilla «Consulta dictada» con la cabecera del paciente ya puesta y las instrucciones dentro, y añade al consentimiento una cláusula aparte para que el paciente autorice la transcripción —o no— por separado.
Esto no es asesoría legal. Las citas son del texto publicado de la Ley 74-25; la lectura de «enviar a terceros» aplicada a un servicio de transcripción es nuestra. Antes de grabar a un paciente, consúltelo con un abogado dominicano.
La ley dominicana clasifica los datos de salud como datos sensibles y exige consentimiento libre, expreso e informado del paciente. La mayoría de los consultorios no tiene ese documento, o tiene uno genérico que no dice dónde se guarda la información.
Escribimos uno pensado para este caso concreto: expediente en Google Workspace, con servidores fuera del país. Cubre finalidad, acceso, conservación, transferencia internacional y los derechos del paciente.
Ni la Ley 172-13 ni el Código Penal traen una lista de tareas. Esta la armamos traduciendo sus principios a cosas concretas que se pueden hacer una tarde. El cuarto paso es el que cambió en agosto de 2026. Lo marcado se guarda en su navegador; nadie más lo ve.
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Docs y Drive no hay que enseñárselos a nadie. Tu asistente los usa desde hace años. La curva de aprendizaje es casi cero.
Respaldos, cifrado, disponibilidad, recuperación de archivos borrados, historial de versiones. Todo eso ya lo hace Google mejor de lo que lo haría cualquier software de consultorio.
Si un día dejas de usar la extensión, tus documentos siguen en tu Drive, abiertos y legibles. No hay formato propietario ni exportación que pedir.
Gemini se conecta a tu Drive de forma nativa. Ordenar ahí es ordenar en el sitio donde las herramientas de IA van a poder leer.
La extensión se distribuye por la Chrome Web Store, donde Google revisa el código antes de publicarlo y firma el paquete. No se instala un archivo que llegó por correo.
Las mejoras llegan solas por la tienda, firmadas. Nada que descargar ni que volver a configurar.
Ninguna de las dos es esta extensión, y las dos te sirven para mucho más que llevar el expediente. Si ya las tienes, puedes saltar directo a la instalación.
Algo como tuconsultorio.do. Es lo que convierte tu correo en
dr.perez@tuconsultorio.do en lugar de una dirección de Gmail, y es la
base sobre la que se monta todo lo demás.
Para un dominio .do lo más directo es comprarlo en
midominio.do. Se paga
una vez al año y el trámite toma minutos.
No es un capricho de imagen: sin dominio propio no hay cuenta profesional, y sin cuenta profesional no hay unidades compartidas, ni consola de administración, ni control de accesos. Es decir, no hay nada de lo que pide el checklist de más arriba.
Google Workspace sobre tu dominio, con un plan que incluya Gemini. Hoy las ediciones de pago suelen traerlo, pero verifícalo antes de contratar porque los planes cambian.
Gemini es lo que cierra el círculo: cuando el expediente esté ordenado en tu Drive, es la herramienta con la que vas a poder preguntarle a tus propios documentos.
Aquí también se activa el acuerdo de tratamiento de datos con Google, y el BAA si atiendes pacientes en Estados Unidos. Con una cuenta gratuita ninguna de las dos cosas existe.
Con eso ya tienes lo básico de un consultorio:
Búscala como RecordMédico o entra por el enlace directo. Al instalarse se abre sola la pantalla de configuración.
Instalar desde la tiendaEnlace pendiente de publicación.
En Drive, ve a Unidades compartidas → Nueva y crea una para el expediente. Llámala como quieras: «Expedientes» funciona.
En la pantalla de configuración, conecta tu cuenta de Google. Verás que el único permiso que se pide es ver y editar únicamente los archivos que uses con esta app.
Después abre tu carpeta en Drive, copia la dirección de la barra del navegador y pégala. La extensión no puede ver tu Drive, así que necesita que le señales dónde trabajar.
La extensión crea la estructura y, si lo dejas marcado, unos departamentos y plantillas de ejemplo para que puedas probar el mismo día. A partir de ahí cambias las plantillas por las tuyas, con tu encabezado y tu firma.
En papel el art. 198 del Código Penal no le alcanza, porque ese artículo habla de datos tratados por procedimientos automatizados. Pero el art. 195, el del secreto profesional, le aplica igual, y la Ley 172-13 y las obligaciones de conservación también. Lo que el papel no le da es con qué defenderse: no hay registro de quién abrió qué, ni copia si se pierde, ni forma de demostrar que usted fue cuidadoso.
Y ojo con el término medio: un Excel en su computadora está tan expuesto como la nube —el art. 198 le aplica igual— y encima no prueba nada. Lo explicamos entero, con una tabla, en ¿Y si lo tengo en papel?
Es gratis y no hay truco. Forways desarrolla software para consultorios y clínicas; esta versión es la más simple y la regalamos porque resuelve un problema real y nos presenta. Si tu consultorio crece y necesitas que varios médicos compartan el mismo expediente, integraciones o acompañamiento, eso ya es un servicio que cobramos.
No. Esta versión está pensada para un médico, con o sin asistente. Por cómo funciona el permiso de Google, si un colega la instala con otra cuenta tendrá su propio expediente aparte, no el tuyo. Compartir un mismo expediente entre varios médicos requiere otra versión: escríbenos.
Google Workspace —el correo de empresa de Google, el que probablemente ya usas— y Chrome en la computadora del consultorio. Nada más. Si además manejas pacientes en Estados Unidos, activa el BAA en tu consola de administración antes de cargar el primer expediente.
Nada. Tus carpetas, tus documentos y tu hoja de datos siguen en tu Drive tal como están. Ni se bloquean ni se borran: nunca estuvieron en otro sitio.
No, y no es una promesa: es que no existe el mecanismo. La extensión no envía datos a ningún servidor nuestro porque no tiene servidor. Puedes comprobarlo en la pestaña de red de tu navegador: solo habla con las APIs de Google.
La extensión es de Chrome de escritorio. Pero los documentos que genera son Google Docs normales, así que desde el teléfono los abres y firmas con la app de Drive de siempre.
Si quieres que te acompañemos en la instalación, adaptar las plantillas a tu consultorio, activar el BAA con Google o hablar de la versión para varios médicos, escríbenos por WhatsApp. Contesta el equipo de Forways Group.
829 594 2663Forways Group · República Dominicana y Estados Unidos